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BDSM lésbico: videos porno

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Órdenes que se dan, órdenes que se cumplen

El BDSM lésbico se basa en una diferencia de poder que las dos aceptan: una da las órdenes y la otra las sigue. La dominante, llamada dómina o ama, se viste para el papel con cuero, látex o corsé y tacones, y habla con órdenes cortas. Su sumisa se arrodilla, pide permiso y la llama ama.

Amas estrictas y sumisas entregadas

Cada lado tiene sus tipos reconocibles. Un ama estricta mantiene la distancia y habla poco; una femdom juguetona se queda cerca, toca y niega. Una jefa mayor con una empleada más joven, las dos adultas, lleva la jerarquía de la oficina al dormitorio. En el lado de la sumisión, la sumisa entregada quiere complacer y sirve cuando se le ordena, hasta llegar a besarle los pies a su ama, mientras que la rebelde desobedece a propósito, porque el castigo es justo la atención que busca. Las switch se ponen en cualquiera de los dos lados, y cuando se juntan dos, la fusta va pasando de mano en mano.

Una palabra de seguridad por encima de todo

Las ataduras y las sensaciones son las herramientas del control. La cuerda en muñecas y muslos, el núcleo del bondage lésbico, mantiene quieta a la sumisa, igual que unas esposas sujetas al poste de la cama o una barra separadora; una venda le quita la vista, y una mano, una pala o una fusta dejan marcas rosadas. El control del orgasmo es la dinámica en su forma más pura: la sumisa tiene que pedir permiso antes de correrse, y la respuesta puede ser no. Un ama también puede exigir su placer como una orden, y la sentada en la cara con todo su peso deja a la sumisa inmovilizada debajo mientras la sirve. Los límites se pactan antes, una palabra de seguridad o los colores del semáforo detienen el juego en cualquier momento, y los cuidados posteriores, con agua y un abrazo, lo cierran. El consentimiento es el rasgo que define el BDSM lésbico, y hasta las órdenes más estrictas dependen de él.