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Dedos lésbicos: videos porno

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Uñas cortas por una buena razón

Meterle los dedos a otra mujer empieza por la manicura: uñas cortas y bien limadas, porque un borde afilado dentro de un coño duele. Este sexo no necesita juguetes ni arnés, solo una mano, lubricante o la humedad natural, y una amante que responda a cada cambio de presión con las caderas y la respiración.

Uno o dos dedos entran con la palma hacia arriba y se doblan hacia la pared frontal, a uno o dos nudillos de profundidad, donde el punto G se nota como una zona de tejido rugoso. El movimiento es el gesto con el que se llama a alguien para que se acerque, repetido con firmeza contra ese punto. El pulgar descansa sobre el clítoris y la base de la palma presiona el pubis, así que una sola mano trabaja por fuera y por dentro a la vez. Por detrás, con ella de rodillas, la mano se gira con la palma hacia abajo y la curva apunta al colchón. Follarla con los dedos a toda velocidad, con la muñeca bombeando y las yemas apretadas contra la pared frontal, es la versión dura del trabajo en el punto G y un camino conocido hacia el squirt. Un tercer dedo la llena más, y el lubricante hace cómoda la dilatación.

Donde la lengua no llega

Una lengua cubre el clítoris y los labios pero se queda cerca de la entrada, mientras que los dedos llegan al punto G, y por eso comer coño entre mujeres y meter los dedos van tan unidos: la boca fuera, dos dedos dentro. Cuando se masturban mutuamente, las dos mujeres se tumban una al lado de la otra, cada una con una mano entre las piernas de la otra, la forma más sencilla de que dos mujeres se corran casi a la vez. En las posturas de tijeras lésbicas, una mano metida entre dos cuerpos que se frotan añade la penetración que le falta al roce. La respiración le dice más que las palabras a la que mete los dedos: si se acelera, el ritmo es el bueno, y una cadera que se aparta pide menos presión.